El hambre, eso que se retuerce en tu estómago pidiendo alimento alguno, tiene nombre.
Mi hambre se llama pollo con papas. Cada vez que salgo de estudiar, justo me topo con esa parrillita donde el pollo se menea en forma circular frente a mis ansias glotonas, deleitándome con su doradez.
Ah, el apellido es “con papas fritas”.
